DISFUNÇÃO SEXUAL DA GUERRA CAPITALISTA

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[dito por Franco Berardi, antiguo militante insurreccional en Italia, ao Página 12]
Semiocapitalismo es el modo de producción en el cual la acumulación de capital se hace esencialmente por medio de una producción y una acumulación de signos: bienes inmateriales que actúan sobre la mente colectiva, sobre la atención, la imaginación y el psiquismo social. Gracias a la tecnología electrónica, la producción deviene elaboración y circulación de signos. Esto supone dos consecuencias importantes: que las leyes de la economía terminan por influir el equilibrio afectivo y psíquico de la sociedad y, por otro lado, que el equilibrio psíquico y afectivo que se difunde en la sociedad termina por actuar a su vez sobre la economía.
Los efectos de la competencia, de la aceleración continua de los ritmos productivos, repercuten sobre la mente colectiva provocando una excitación patológica que se manifiesta como pánico o bien provocando depresión. La psicopatía está deviniendo una


La deserotización es el peor desastre que la humanidad pueda conocer, porque el fundamento de la ética no está en las normas universales de la razón práctica, sino en la percepción del cuerpo del otro como continuación sensible de mi cuerpo. Aquello que los budistas llaman la gran compasión, esto es: la conciencia del hecho de que tu placer es mi placer y que tu sufrimiento es mi sufrimiento. La empatía. Si nosotros perdemos esta percepción, la humanidad está terminada; la guerra y la violencia entran en cada espacio de nuestra existencia y la piedad desaparece. Justamente esto es lo que leemos cada día en los diarios: la piedad está muerta porque no somos capaces de empatía, es decir, de una comprensión erótica del otro.




Chocado com a barbaridade”, o pintor colombiano Fernando Botero, inspirou-se nos horrores de Abu Ghraib para o seu trabalho mais recente. Com o nome da cadeia iraquiana em que foram praticados atos de perversão da guerra, um desastre mundial, uma peste virulenta.
[trechos da entrevista à Revista Diners]

¿Por qué decidió pintar esta serie sobre lo sucedido en Abu Ghraib?
—Por la ira que sentí y que sintió el mundo entero por este crimen cometido por el país que se presenta como modelo de compasión, de justicia y de civilización.
¿Espera que esta serie, que seguramente será polémica, tenga efecto político en el mundo?
—No. El arte nunca tuvo ese poder. El artista deja un testimonio que adquiere importancia a lo largo del tiempo si la obra es artísticamente válida.
¿Cómo cree que la comunidad internacional, especialmente la norteamericana, va a recibir esta obra suya tan dramática sobre un hecho real y actual?
—Son obras nacidas de la ira ante tal horror. El cómo sean recibidas no fue una consideración en el momento en que las hacía.
¿Llama la atención la cantidad de obras que pintó sobre el tema. ¿Cómo fue el proceso de investigación y creación?
—Soy adicto a las noticias, a los periódicos y a las revistas. Además, a diario miro la internet y vivo informado. Han sido muchas las crónicas escritas sobre el tema, especialmente el magistral artículo aparecido en The New Yorker, el cual reveló la situación que se vivía en las cárceles controladas por los norteamericanos. A medida que me iba enterando sentía más la necesidad de decir algo sobre tal horror. El año pasado empecé a dibujar y a pintar, y son ya casi cincuenta obras las que he hecho sobre el tema.
No tengo la menor intención de venderlas. Las mostraré donde me inviten a exponer, ojalá en los Estados Unidos. No hay que olvidar que la gran mayoría de los norteamericanos condena la práctica de la tortura. La prensa de ese país ha denunciado permanentemente los hechos ocurridos en Abu Ghraib.
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